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martes, 13 de junio de 2017

Teatro moderno japonés a partir de 1960. El angura VII

Las obras de Suzuki Tadashi, II
Hace un mes publiqué el primero de los artículos dedicados a la obra de Suzuki Tadashi, y el último, hace quince días. Así pues, hoy toca concluir el apartado que le he dedicado con la inclusión de dos vídeoclips que ilustrarán mis comentarios sobre uno de sus montajes y su célebre método de preparación de actores.

Esperando a Orestes: Electra
Esperando a Orestes: Electra ha sido una de las últimas coproducciones de Suzuki. En 2007 colaboró para su montaje con el Teatro Taganka de Moscú. En 2008 lo hizo con el Arko Arts Theatre de Corea. En 2009 se vio en el Teatro Attis de Atenas y en el Mercadante de Nápoles. Y en 2012 llevó el montaje a Edimburgo.

La obra parte del texto de Hofmannsthal que empleó el compositor Richard Strauss para su ópera Elektra, reduciéndolo a lo esencial e imprescindible, una práctica característica del teatro que Suzuki ha adoptado desde sus comienzos. La trama cuenta que Agamenon, el padre de Electra, ha sido asesinado por su mujer Clitemnestra, quien decide exiliar a Orestes y encarcelar a Electra, sus dos hijos, junto con la hija de esta.

Esperando a Orestes: Electra en montaje de SCOT de Suzuki Tadashi. Festival de Edimburgo, 2012. 
Foto: http://www.telegraph.co.uk

Para su montaje, Suzuki partió de su idea de que “el mundo es un hospital, y los hombres y mujeres sus pacientes.” La acción de la obra la sitúa en una clínica mental donde se encuentra recluida Electra. El coro está formado por un conjunto de internos en el centro psiquiátrico que aparecen con el torso desnudo, tocados con un bombín y sentados en sillas de ruedas empujadas por unas enfermeras con uniforme blanco. El escenario se cierra con un fondo de piedras negras y su ambiente es oscuro.

En el inicio de la obra, el coro comienza a golpear en suelo con los pies y a desplazarse con sus sillas. A medida que sus movimientos son más frenéticos, emite ruidos guturales. Un percusionista refuerza la tensión del momento. Electra permanece inmóvil y en silencio en su silla de ruedas mientras la rodea el coro en una frenética carrera bajo fuertes redobles de tambor. Poco a poco, empieza a reflejar su rabia y resentimiento por su situación. El coro explica sus sentimientos mientras ella mira fijamente al frente. Finalmente, Orestes regresa y mata a Clitemnestra. Sin embargo, su acto no apacigua la tensión ni la desesperanza previas.

La actriz japonesa Naito Cheiko como Clitemnestra en Esperando a Orestes: Electra. 
Montaje: SCOT de Suzuki Tadashi. Festival de Edimburgo, 2012. Foto: Andy Phillipson, en Flickr.

Durante toda la obra, un percusionista y otros músicos en escena puntúan aquí y allá las situaciones más tensas. Algunas de sus sonoridades recuerdan el punzante sonido de la flauta en el comienzo de las representaciones de teatro o el seco golpeteo de las madera del kabuki. La actriz que encarnó en los primeros montajes a Electra era coreana y la obra se desarrollaba en coreano y japonés.

Según palabras de Suzuki, Electra se encuentra en un hospital, sola, sin pronunciar una palabra. Únicamente desea vengarse de quienes la han conducido a ese estado, pero su anhelo va decayendo a medida que cada día ve más lejano su desquite. Si todo el mundo se encuentra recluido en un hospital, es decir, nuestro universo, también lo están los médicos, con lo cual no existe esperanza de curación. Ante esa situación, Suzuki afirma que son los artistas quienes, al menos, deben indagar qué tipo de enfermedad nos ha infectado a todos.

La actriz coreana Yoo-Jeong Byun como Electra en Esperando a Orestes: Electra .
Montaje: SCOT de Suzuki Tadashi. Festival de Edimburgo, 2012. Foto: Andy Phillipson, en Flickr.

En 2012, la crítica británica elogió la brillante versión de Suzuki, a pesar de detectar ciertos desajustes y frialdad en los subtítulos respecto a lo que se veía y proyectaba en el escenario. La fuerza del espectáculo radicaba más en las emociones que expresaban los movimientos, gestos, sonidos y música que las propias palabras del subtitulado.Toda una confirmación de lo que Suzuki ha pretendido siempre: ir más allá del texto gracias a los actores.

El siguiente vídeo de You Tube que inserto es de ese montaje de Esperando a Orestes: Electra, realizado en el año 2012 por la compañía SCOT de Suzuki Tadashi en el King’s Theatre de Edimburgo. Dura solo dos minutos.


El método Suzuki Tadashi
Durante los últimos treinta años Suzuki ha colaborado en gran manera a superar las barreras culturales que separaban Occidente de Japón, un país visto e idealizado románticamente desde las lejanas Europa y América como algo exótico. Gracias a él y su método, se ha entendido que el aprendizaje de las artes escénicas va mucho más allá de la reiterada repetición de los kata, esos patrones de poses o movimientos tan conocidos por los aficionados a las artes marciales japonesas.

El siguiente vídeo de You Tube es un extracto de un reportaje que hizo la televisión japonesa en 1988 sobre la obra de Suzuki, La historia de Lear. En él vemos la intensidad con que los actores practican las diferentes formas de caminar y al propio Suzuki explicando algunas de sus ideas. Dura poco más de tres minutos y medio.


Cuando, en 1988, la Royal Shakespeare Company ensayaba una nueva puesta en escena de La tempestad de Shakespeare, al joven actor británico que encarnaba al personaje de Ariel, Scott Handy, que por entonces solo tenía veinte años, se le exigía que debía de ofrecer una imagen de ligereza e incorporeidad. Para conseguirlo, decidió servirse de la técnica empleada por los actores de teatro para desplazarse por el escenario. No por casualidad Scott había estudiado con alguien (Roy Leighton) que había trabajado con Suzuki en Japón

Para Suzuki los pies son una de las partes del cuerpo más importantes. Es la única que ha mantenido desde siempre el contacto con el suelo, con la tierra, sustento de toda actividad humana. De ahí la importancia que concede en su método a las diferentes formas de moverse según la posición y el desplazamiento de los pies.

Con esto doy por finalizado el apartado que he dedicado a Suzuki Tadashi, sin duda uno de los grandes hombres de teatro mundial de las últimas décadas. Dentro de quince días hablaré de otro maestro, Kara Jūrō.